Tengo nombre y tengo edad. Y vivo en una casa. Me visto con cierto tipo de ropa, casi siempre del mismo color. Me han roto el corazón, por supuesto, también los he roto yo. No he visto naves ardiendo más allá de Orión, ni estoy de vuelta, ni en mi cartera hay el dinero suficiente como para invitarte a cenar. Mi infancia es una tarde de domingo muy rara, no creo en Dios, desconfío de los que me tratan de usted y tengo poco de vieja, menos de diabla.
Escribir no es ya un modo de comunicarme (hay que tener en cuenta el hecho de que soy alguien bastante independiente y solitario, de lo cual no me alegro demasiado) sino una forma de conocerme y sostenerme en la vida. En esta ocasión no es el escritor quien sostiene su escritura, sino la propia escritura quien mantiene al creador.
Nunca me he tomado en serio, quizá por eso he llegado hasta aquí.



Pues María, te diré una cosa; yo no pregunto ni por falta de miedo ni por curiosidad; Sino que, mas bien por respeto, afirmo que me resultas una persona interesante entre tus desvelos, a mi forma de verlo, más bien es tu consuelo y lo que te hace un ser más complejo y de alguna forma original entre algunos borregos.
Por tanto, te animo a que sigas comunicándonos todos tus desvelos e intentaré seguir tus relatos y escritos ya que, según veo, te defiendes con mucho tiento y esmero.
Estoy de acuerdo Perico, esta chica es un puto crack. Ojalá que sigas escribiendo por mucho tiempo…eres como una metralleta.
Qué interesante presentación…
Me alegra que le resulte interesante, señor de Arimatea.
Alégrome.
Álegrome.
Alegro.
Volveré.
Bienvenido seas, cadìD.