De todos los fuegos…

Gaztambide, Madrid. 1980.

El perro sólo debía cruzar corriendo la carretera y procurar que no lo atropellaran. Cuantas más veces lo lograra, mayor campeón sería. Tarde o temprano, desde luego, las posibilidades acabarían agotándose, y pocos perros habían jugado al esquivacoches sin perder en la última vuelta. Pero en eso consistía la belleza de aquel juego tan especial. En el momento en que uno perdía, ganaba.

Y así fue como Míster Bones, alias Sparkatus, compañero del difunto poeta Willy G. Christmas, se lanzó en aquella resplandeciente mañana invernal de Virginia a demostrar que era el campeón de los perros. Saliendo de la hierba al arcén derecho de la autopista, esperó a que se abriera un claro en el tráfico, y entonces echó a correr. Pese a lo débil que estaba, aún le quedaba energía en las patas, y en cuanto cogió el ritmo, se sintió más fuerte y feliz de lo que se había sentido en meses. Corrió hacia el ruido, hacia la luz, hacia el resplandor y el rugido que se precipitaba hacia él en todas direcciones.

Con un poco de suerte, estaría con Willy antes de que acabara el día.

Paul Auster, Tombuctu.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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