IV

La canción se termina poco después de que me acabe el cigarro. Antes me interesaba por la televisión pero ahora ni siquiera me interesan tus zapatos. Sé cómo vas a hacerlo porque conozco el juego, ya me relataste tu estrategia una tarde, en la hierba. Me gusta escuchar tus canciones todavía, ya te lo dije, tienes manos de músico, chaval, y tú sonreíste, como siempre, y yo baje la mirada, como nunca hice hasta entonces.

Estoy tan lejos de aquella situación que se me antoja como algo extraño. Los otros cuerpos, que no son de nadie. Me iré pronto, probablemente pierda miles de aviones hasta que lo haga, pero me iré. Dejaré una foto en el espejo de la entrada junto a un “gracias” pintado en bolígrafo azul y saldré por la puerta. Tú te levantarás más tarde, lo leerás y volverás a la cama, sonriendo. Ya sabías que esto iba a pasar, te lo ganaste a pulso desde el principio. Además te es fácil hacerte el duro conmigo, soy masoquista emocional y gritamos que todo valía antes de empezar a jugar.

Al llegar a la acera imaginaré un carrusel lleno de niños, cuando doble la esquina me olvidaré de todo.

Los recuerdos, hijo, si los mezclo con el nombre de tu padre, saben mejor pero cuesta más tragarlos. He dejado en la cuneta de cualquier carretera secundaria todas esas palabras que antes me eran fáciles, como indiferencia, perder con-tacto, equilibrio o voluntad. Pasan los trenes y sigo esperando a que alguno descarrile. Pusimos monedas en los raíles hace años, pero supongo que ya no están. Hace viento y vuelvo a estar despeinada, imagino que es una alegoría vital y sonrío. Tendré que empezar a acostumbrarme. Me refiero a vivir así, con los ojos cansados y los bolsillos llenos de invierno. La ciudad no es la misma, ni siquiera la gente parece ir a matar a alguien. Todo se ve tras mis párpados, una calle en blanco y negro y una silla en la que sentarte cuando el viento cambie de dirección.
Si esto es lo que me espera para los próximos nueve meses más vale que esté preparada. Después las pastillas resbalarán una por una dentro de mi garganta y para entonces ya no hará falta estar preparado para nada.

No más promesas hoy. No más lirios cortados. No más canciones de amor. Hay que dejar a Jim fluyendo por las orejas pidiéndole a una nena que encienda su fuego. Hay que bailar un rato con los estados de ánimo, guiñarles un ojo, dejar que llamen a tu puerta y toquen reefs de guitarra no estudiados. No sabrás nunca hacia dónde corren las canciones, y tampoco sabrás nunca hacia dónde corres tú. That’s life. Satisfaction siempre va a sonar cuando folles, cuando beses, cuando corras por la calle con las manos en los bolsillos, huyendo del último polvo, del último beso. El arrepentimiento te va a perseguir siempre, pero también lo hará tu sombra así que tienes que estar al loro. La cerveza, la cocaína y el tiempo siempre estarán ahí.

Cuando tu padre vuelva le cantaré Let me sleep beside you. Hasta entonces tenemos que acostumbrarnos hijo, a que a veces los policías disparan antes de preguntar.

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Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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2 respuestas a IV

  1. Menos mal, porque nunca se me dio bien contar para atrás.

    “Satisfaction siempre va a sonar cuando folles, cuando beses, cuando corras por la calle con las manos en los bolsillos”
    Amén.

  2. El Jugador dijo:

    ¿De dónde sales?… Sí, tu estilo, sí… muy en la línea de tu comentarista Horacio Oliveira. ¿No jodas que eres La Maga? Casate conmigo, sin altar y sin cura, lógicamente.

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