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La vida me arrastra como una niña arrastra a un peluche. Y el tema no es arrastrar, sino no saber qué papel juego, si el de niña o el de peluche. A veces lo que quieres hacer no es lo que debes hacer y terminas debajo de la sábana tapándote los oídos, y no, no arreglas nada, pero el dolor es más pequeño. Escribo esto sin un gramo de droga en la sangre y creo que debería explicarme. De primeras me lo debo a mí misma y de segundas se lo debo a ese que se busca entre mis palabras. Como quien busca su casa cuando observa una foto tomada desde un helicóptero. Qué ilusión, ahí estoy yo, y luego nada. El teléfono seguirá sonando pero no seré yo quien lo coja. Me regocijo en mi dolor como un cerdo se reboza en su propia mierda, si lo hago es porque quiero y no por no poder hacer otra cosa. No me faltan manos, ni cartas, ni siquiera puntos de apoyo, es sólo que de un tiempo a esta parte (aquel banco) todo mi alrededor me resulta insulso, sin color, más inteligible que mi letra. Él era como una mamá gato y yo una cría a la que cogía por el lomo. Ahora no hay gatos que valgan. Mi persona, mi existencia, lo demás es nada. Todo lo que un día quise está hundido en el mar, con cemento. El cielo es eso a lo que nunca llego y mis pies los que se cansan cuando corro demasiado.

A veces pienso que si el tren en el que te fuiste hubiera descarrilado, estas palabras serían las mismas, las habría escrito igual. Y no sé si es bueno o malo, simplemente es. Confío en que estás vivo como también creo que te las estás follando a todas y también las estás queriendo. No es algo que me alegre pero cuando no puedes hacer nada lo mejor es agachar la cabeza y aceptar que nada sucede como esperas.

Muchas veces me acerco a los lugares donde antes me sentía fuerte. Ahora ya ni siquiera me reconozco. Aún así, como dice mi madre, lo último que se pierde es la esperanza. Supongo que volverás, no sé en forma de qué pero volverás. Todavía me masturbo pensando en ti.

El tiempo es eso que veré pasar con gracia cuando tenga tu cabeza dentro del jersey.

“Confío en mí más que otras veces pero creo que todo viene porque llevo botas. Mejor. La vida es un pasillo muy largo lleno de puertas y tú estás al final del pasillo tirando una alfombra roja. Mientras se desenrolla y el borde llega hasta mis pies tengo que empezar a hacer algo con las cosas, en vistas a que las cosas no hacen nada por mí. En la televisión un tío se ha puesto a surfear de madrugada en las playas de Hawaii y Clint Eastwood ha hecho una película fantástica. En la terraza hace un frío de cojones y el noventa por ciento de las veces que voy mi reflejo es una sombra y cuando me miro echar el humo siempre me acuerdo de Godard fumándose un puro.

Eres la definición perfecta de caos. Cuando vaya a Italia seguro que me acuerdo de ti. Aunque decir esto es una perogrullada porque te recuerdo en todas partes.

Mis más sinceros temblores y espasmos, dear. Para cuando quieran encontrarnos ya estaremos atrincherados debajo de la cama.”

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Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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3 respuestas a X

  1. El Jugador dijo:

    Conocida inercia.

    Quizá tirar los peluches aclare tu situación, por decir algo -decir algo tras leerte siempre es complicado-.

  2. Yago Arenas dijo:

    No hay gatos que valgan.

  3. dijo:

    Los gatos son la hostia. Los soldados prefieren a los perros, sin embargo.

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