fakempire.

Huelga en las calles del centro de mi vida. Tour ciclista de hachís por mis venas. Sabina en los altavoces, como un sonido recetado por un médico paranoico. Palabras aletargadas en un cuaderno de vete tú a saber cuando. Tardes de lunes. Cortázar sonriendo desde la esquina del escritorio.

Vidas que no merecen ser contadas y se cuentan, como obras de teatro gratuitas. No soy anónima del todo como no soy yo del todo. Se me dice que cobre por mis palabras y ojalá no sea cierto. Recibo versos y sonrío, a cualquier cosa le llaman poeta. El fin de semana pasado murió una señora de mi pueblo y el fin de semana anterior una profesora que tuve. La muerte siempre me roza cerca pero nunca me araña. Estoy dos portales antes de todo eso y todo eso me parece tan trivial y con tanta mancha de tradición que no puedo hacer más que bajar la cabeza y contar los zapatos que se encuentran alrededor del féretro. Como si eso me tranquilizara, como si eso me llevase a alguna parte. Cuando estoy nerviosa suelo bostezar y meterme las manos en los bolsillos. Busco algo que mover entre mis dedos ahí dentro, como una moneda, una canica o un mechero. A veces se me pregunta por qué lo escondo tanto todo, para qué la máscara, por qué el disfraz de ray-ban y chaquetas oscuras. Intocable, imperturbable, inhumana. No pertenezco a mi generación, ni a mi bloque de edificios, ni a mi barrio, y los días terminan siendo espirales y juegos. Las calles que me han visto crecer son las mismas que ahora rehuyo. Nunca me juré no volver pero el caso es que no he vuelto todavía, y dudo mucho que alguien me espere. Ese sentimiento patriótico que algunos de mis colegas tienen es el mismo sentimiento del cual carezco. No sé si es por España, probablemente sea por mí. Mi patria, como dije alguna vez en 32; Rocamadour, son los ojos del símbolo de interrogación por el cual daría mis brazos, mis piernas y no sé si mi libro favorito. Como dijo el chico rubio, es él. Pero mientras tanto reviso horarios de trenes, me desato y ato las botas, dibujo monigotes que se tiran de edificios y vuelan, me bebo dos cafeteras y pulo piedras. Puedes encender la televisión y ver que hay gente que está peor, y eso te sube la autoestima y te hace sentir un mierda, a la vez. Nunca sé qué coño decirme cuando me pregunto por qué lloro. Creo que la desazón me viene de dentro y, por lo tanto, me viene de fuera. Ya que, por alguna razón que obviamente no busco comprender, no existo de forma entera si no es mirando a los demás, si no es reflejándome en otras caras. Así que puedo estar sola pero no sin nada. Creo que en el fondo no está tan mal.

Pues a lo mejor no estoy tan mal.

Eso será.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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4 respuestas a fakempire.

  1. Marinus dijo:

    vaya, hace poco escribí algo sobre que donde vivo era mi no-lugar en el mundo..
    fuck.

  2. acero dijo:

    Don’t worry. Por lo que cuentas estás en un estado pleno.

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