Extremoduro a media luz.

No sé qué escribir, tampoco sé qué decir, así que si continuas leyendo ya puedes considerarte curioso.

A menudo la disposición de la vida, vista desde mis ojos, es una superposición de imágenes que muchas veces o no están enfocadas o no logro enfocar. Esta idea, expresada seguro en algún otro momento, tiene un trasfondo mucho más denso del que puede imaginarse. No sólo son fotos, ni siquiera imágenes, son un universo, historias y gamas de colores inabarcables. Hileras de planos y contraluces. En días como hoy, así, tardes apagadas de febrero, rememoro fotos pasadas, hechos acontecidos hace no demasiado tiempo que tengo grabados detrás de los párpados, como uno de esos sucedáneos de imagen que se te quedan en la retina tras apagar la luz.
Y no sé de dónde me vienen todas estas ideas, intento entenderme poco a poco, ya que el ejercicio de auto-critica que suelen realizarse algunas personas es algo todavía inusitado en mí. Aún no sé por qué no me valoro, ni me miro, ni me siento. Aún no sé por qué sumo cuando hay que restar y por qué pregunto antes de dar un beso. Acciones perdidas en mi sucesión de fotos que todavía me cuesta matizar.
Y el juego entre vida y realidad me parece sumamente curioso y le doy vueltas, sin encontrar una conclusión válida o lógica. Mientras tanto se me hace un vacío en el estómago que no comprendo demasiado bien, abro la ventana y enciendo un cigarro, frío en las manos y los pies calientes cuando tendría que ser al revés.

No me cansa ser esa golfa, con ello atino y corroboro que como tu boca no hay ninguna. Tengo días en los que me envalentono y te dosifico las palabras y el tiempo. Pero hay otros y, por desgracia, la gran mayoría, en los que soy una perra vieja pidiendo de comer a todos esos terceros, poniendo la cabeza sobre las palmas de sus manos, contoneando el culo, levantando la patita. No te culpo de que a veces no sepas qué cara poner. No me culpo, al fin y al cabo, de no saber qué hacer.

Así que me llaman o llamo y bajo al centro a ocupar mi tiempo y mi cabeza con otras cosas. Si paso demasiado tiempo sola luego no sé qué coño escribir. Vendo mis palabras y mi vida como una comercial de tercera. Por suerte mis botas saben dónde ir (my spaceship knows which way to go) y me planto en la puerta de La Realidad.

Demasiado joven para pararme a observar las obras, demasiado vieja para salir corriendo.

Y por finiquitar algo de lo dicho, el grupo que masmolaba que ahora canta en africano… y pensar que Amparo era mi vecina…

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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