XIII

Mis sueños son cada vez más extraños, hoy creo recordar carteles de sitios y un museo o algo así. No sé en qué momento mi cerebro decidió dejar de tener pesadillas y/o no soñar para pasar a versionar a Lynch.

¿Por qué siempre tengo tu recuerdo al alcance de la mano? Siempre detrás del último trago de café o en mitad de la cena, debajo del plato o del mantel. Es tan fácil recordarte que he dejado de intentar no hacerlo, me dejo llevar por los pasillos de mi cerebro como una adolescente borracha.

Hijo, he tenido que dejar de escribir esta especie de memorias durante un tiempo. Antes de darte lugar a preguntarte por qué, te lo diré: Tu padre ha vuelto. Y no, no ha vuelto de forma física, no le he visto, ni si quiera he hablado con él, pero ha vuelto. Está en la ciudad. Lo sé por esta terrible sensación dentro del pecho de perdida de tiempo. También debo comentarte que he dejado todas las drogas que antes me metía, exceptuando el alcohol de vez en cuando. Lo peor de dejar una droga es saber que no podrás dormir con ella recorriéndote la sangre, he pasado noches sudando y sin dormir por la falta de esos malditos fármacos en mi sistema nervioso. No te los recomiendo pero sé que al final harás lo que quieras. Es lo que soléis hacer los chavales, al fin y al cabo. Si tu padre me viese ahora saldría corriendo, otra vez. Por mi parte sigo con los brazos cruzados mientras el mundo gira, soy como una especie de eje. Todo lo que escribo es visceral y cobarde, me tapo con las palabras como si fueran una sábana.

Llevo un tiempo buscando una excusa para seguir escribiéndote, algo que me empuje a seguir contándote cosas, pero la verdad es que todo sigue como algún día decidí dejarlo. Todo corre, todo se pausa, mis amantes me dan lo que pido. He hecho un horario con un montón de cosas, entre ellas cumplir el horario y arreglar las humedades de la pared de una puta vez.

Se cuela el frío por la ventana y todavía son las doce y diez. He cerrado los conductos de ventilación que atraían el olor de tu padre hasta mi pituitaria. Digo que no y el eco me dice que sí. Digo que llamaré más tarde y no sé a quién tengo que llamar. He despachado el sótano de mi cerebro pero todavía huele a madera mojada y pis de gato. Tengo las venas llenas de sangre y anoche fue la segunda vez que me dicen que cuando follo tengo cara de estar asustada. Tengo un montón de pistolas pero he tirado al río todas las balas, también he roto las recámaras.

Alguien dice “joder, cómo vives” y el otro responde “muero de puta madre”
más tarde sirven vino en copas de cava y brindan por los recuerdos y la falta de valentía.

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Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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