Mi sombra: Un ficus.



Habría que partir del mismo punto de siempre, ese que concatena tiempo y pasado; una sombra. La realización de los minutos y los recuerdos mostrada de forma oscura y delimitada, en forma de persona, sombrero o mesa, pero siempre detrás. Inevitable como respirar o fruncirle el ceño al sol.

Después de mucho bajar la cabeza y rascármela, sacar la lengua, arquear la espalda, he dejado de buscar a los monstruos que pernoctan bajo mi cama, agazapados como gatos. Ya se han ido, lo sé por las maletas que hay en la entrada. Van a volver, por eso hay cien canicas desperdigadas por el suelo del pasillo.

Condenadas a vagar y perseguir, a reflejar las figuras. Cuánto hambre y cuánto hijo de puta.

Somnolencia post-shock acatada. Feliz en la renuncia de ser dueña de mí misma. Hasta mi sombra se ha cansado de seguirme, se ha ido (con los monstruos, claro está) y ayer por mañana, mientras subía los escalones que conducen a mi casa, la sombra del ficus de la entrada ha tenido mucha pena de mí y se ha quedado pegada a mis pies. Al menos ella siente el portal más suyo que yo y no me voy a quejar.

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Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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