Personita.

ADVERTENCIA: Alto contenido de purpurina, estrellas y ponis con el pelo rosa más abajo,
no apto para diabéticos y odiadores de vidas.

Me veo obligada (mi sentido aleatorio de la obligación, seleccionado cuidadosamente por mis neuronas borrachas y bailongas) a hablar de Personita (razones palabras abajo). Conocí a Personita cuando el tiempo todavía me daba de hostias. Es verdad. Un momento extraño de mi vida, en medio de un caos, cuando todavía veía series para adolescentes como estudio sociológico y escuchaba Skid Row a todas horas. Personita apareció como aparecen las buenas personas, un domingo de los de cafetería en la estación de tren, espeso como mil páginas del Reverte ese (uy, no). Con el solecito ladeado que caracteriza los abriles enfermizos de Madrid. Vino pegando saltos con sus pelos rizados y sus tetas botando. Todo un show. Y yo con el cigarro en un lado de la boca, una mano tocando una guitarra y la otra mano tocándole el paquete a pareja-aleatoria. Personita risueña y feliz, alegre, alejada de las drogas, revolucionaria como ella sola, con un corazón que no le cabe en ese cuerpasho. Mi momento vital no permitía que me dejase sorprender, justo entonces mis super-amigas me mandaron a tomar por el culo y yo estaba orbitando por el espacio, a la búsqueda de nada, pero Personita supo hacerse conmigo con un mensaje adolescente y melódico que rezaba “Heeeey ¿te gusta Ismael Serrano? Waaaaooooo”. Tan extraña era mi vida que a pesar de darle fuerte al heavy metal me enamoraba de los cantautores, azí zoy.

Personita parecía realmente interesada por mi vida. Lo quería saber todo. Desde el primer polvo hasta el último café. Yo me abría poco a poco y ella me miraba con cara de aprendizaje, con esos ojitos que pone al hablar de libertad, saharauis o conflictos en general. Se hizo querer, se hace querer. Es que Personita es el tipo de mujer que buscaría si no fuese una heterosexual convencida. Personita, además de llamarme y enviarme cartas a tó meter, se interesaba por mis textos. Suelo pensar que si no fuese por ella no habría seguido escribiendo (tengo cierta tendencia a terminar todo lo que no tiene un fruto cercano en el tiempo). Personita me comparaba con el pesao de Sabina y yo bailaba por dentro (es que me gustan mucho los palmeros). Pero Personita escribe ochenta veces mejor que yo, con oraciones subordinadas de esas. Además ella habla de cosas interesantes. Y no se droga. Nada. Ni un poco.

Pero Personita vive en el norte, en Santander, con sus vacas y su lluvia y las palabras terminadas en –uca. Tardamos cerca de medio año en conocernos cara a cara y frente a frente (veeeerso a veeeeeersoooooo). Recuerdo un viaje eterno hasta llegar a ella, recuerdo al hijoderefugiadopalestino cantando en mi oreja y a Personita en una parada de autobús haciendo el chorra. También recuerdo tirarme encima de ella como si no hubiera mañana y también me acuerdo de su cara después de 20 botellines. Drogadicta no pero borracha un rato. Je, je, je.

Al margen de todos estos sucesos, Personita es la única razón por la que sigo viviendo. Es duro pero tengo que aceptarlo. Si no fuese por ella yo ya estaría en cualquier otra parte, o en un reformatorio o criando malvas. Yo, que soy una odiadora y me veo invadida por el sentimiento de no-pertenencia, siento por Personita un amor irracional, más allá de la amistad o el folleteo, imposible de describir. A fuerza de hablar con ella me doy cuenta de que es la única persona a lo largo de mi corta y convulsionada vida que ha sabido aceptarme tal y como soy, con mis taras de nacimiento (este pelo rojo, esta locura absurda e irritante) y con mis taras de crecimiento (esta obsesión por el recuerdo, estos traumas infantiles). Sin peros, sin reproches y sobre todo sin juzgarme. Estuvo ahí en el conflicto de los Quijotes en pantalones de montaña, estuvo también cuando me volvía loca buscando farmacias, puso su hombro-online y su mano-messenger cuando yo tenía un pie en el abismo y el corazón a punto de colapsar… es decir, ha estado siempre, desde hace años.

Su no-existencia física me ha traído más de un quebradero de cabeza. Me he cagado en la puta por los cientos de kilómetros que me separan de sus dos tetas (soy muy de cagarme en la puta pero por ella me he cagado más que nunca), me pongo indescriptiblemente feliz cada vez que me llama y me dice “¡Destelluco, estoy en Madrid!” y sonrío con todos los dientes cada vez que recibo un algo suyo. Me muevo como una niña pequeña cuando me acerco a ella y me vuelvo una hermana protectora cada vez que algún hijo de la gran puta se hace con su corazón y su cerebro.

Es la única que no se ha ido en esta tediosa existencia que me envuelve (uf), está y es, por suerte, la persona a la que más quiero. Sobre todas las cosas y las casas, sobre Cortázar (esto es mucho decir pa mí) y sobre mi ranita Fernanda.

Personita, hazte valer que el mundo es jodido y despiadado. Personita créeme cuando te digo estas chorradas, aunque sólo sea por tener algo de fe en la raza humana. Personita, I’ll beee theereee for youuuuuuu.

Adjunto la foto que congela ese precioso momento en el que nos dimos cuenta de que teníamos pies.

Por supuesto, ella también tiene blog. Y además está buenorra.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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5 respuestas a Personita.

  1. Personita dijo:

    Querer es creer. Creer es crear. Querer, creerte, cre-arte. Eso soy contigo. Amor y vida en movimiento, desplegándose y bailando semiconfusa a ritmo de corcheas. Eres. Y me basta. Y me gusta. Así, como fuiste, como seas.

    PD: nunca he dejado de quererte

    • Ángel González y tu persona en un mismo momento.
      Creo que voy a masturbarme.

      Espera, ¡no! tengo que ir a matarte porque casi me haces llorar :’)

      (puke rainbows here.)

  2. J. dijo:

    Joé qué cosa MÁS TIERNA, ¿no?

    :D

    (Sí, eh, demasiada felicidad matutina o algo).

  3. Pingback: Gaël, Él y compañero. | كيف تجرؤ؟

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