But, honestly.

Cuando te imaginaba siempre tenías veinte años y desordenabas los cajones de mi cuarto. Vestías la sonrisa perfecta en el momento preciso, acompañabas los movimientos con carcajadas, seguías el eco de todo lo que siempre quise. Eras eso y no pedía nada más. Me sentía partícipe de uno de esos milagros en los que nunca creí, escondiste el desarraigo en la parte más honda de mi pecho, a base de palabras (cientos, miles de palabras) que brotaban sin cesar de tus manos o tu boca, abrazos a través del tiempo los cuales recordaba cuando todo empezaba a desmoronarse.

Tengo tendencia a dejar las cosas pasar, asimilo que soy todavía muy joven como para entender mucho de lo que me rodea, pero ésta vez tengo la sensación de que siempre seré demasiado joven para entenderlo. Y juro que agité mi cerebro y me dejé la piel intentando abarcar lo que veía y lo que veías, pero no puedo jugar a ser Dios.

A pesar de todo soy consciente de nuestras diferencias, de que los silencios que provocabas eran terriblemente necesarios en esta ciudad infinita y viva, de que necesitaba una cura de humildad o darme cuenta de una puta vez de que los castillos en el aire se derrumban o se van y que las palabras que prometías tener siempre también desaparecen.

Aunque todo haya cambiado, aunque nunca superamos la barrera del 1+1, muchas noches me pregunto por qué.
Los últimos meses, en los que todo era un campo yermo o un vacío, esos en los que las palabras perdieron sus sentido, ésos meses se prolongaron, eran un insulto a lo que fuimos, un escupitajo en la cara del arte, una burla a todo lo que algún día consideré importante.

Ahora, y es el ahora lo que importa, no es que no tenga ganas de verte, tampoco es que quiera hacerlo. Sé que me sentiré extraña y muda pero también sé que esta maraña la has procurado tú solo. No es que esté libre de pecado, pero creo haber pensado mis movimientos desde un principio, siempre desde un punto de vista que mezclaba cabeza y corazón. No sé si hice algo mal, pero creo que no.
Estoy loca, sí, como un cencerro o una regadera, pero nadie me podrá decir que no fui consecuente, que no apliqué lo que sentía a la realidad a pesar de que con ello pudiera cagarla o precipitarme. En estas cuestiones ¿qué más da la velocidad?

Y quizá fue eso, miedo a revolucionarnos, la preferencia por dejar las cosas estar y circular a otro ritmo. No lo sé, no me importa. Ya no.

Cuanto te imaginaba, nunca te imaginaba tan lejos.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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Una respuesta a But, honestly.

  1. Pecado dijo:

    Si fuera en verso sería poesia, genial como describes desde el fonde de ti.

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