Gaël y los cigarros, uno detrás de otro (o en todas partes y en ninguna)

Quizá tengas razón, Gaël. Será que no quiero creerte, no quiero convencerme. Yo veo que se va y no vuelve, que se prende del aire y allí flota y le da igual. Porque tan suspendido y agotado está que se ha vuelto frágil y vaporoso. Imposible alcanzarle, imposible abrazarle. Sólo se le puede hablar, Gaël, porque cuando un hombre se convierte en aire no hay más. Hace unos meses era tan de carne y hueso que se colaba entre mis agujeros, y ahora, y bien sabes que es el ahora lo que importa, ya no es opaco sino translúcido. Imposible dibujarle, imposible atarle.

Y no puedo evitar sentirme egoísta, Gaël, porque quererle conmigo implica posesión. Y ya no sólo de él sino de toda su realidad. De todo eso que cambia a golpe de mirada y sí, ya sé que según Heisenberg no es sólo él quien cambia la realidad, que somos todos. Que cambiamos nuestro alrededor sin querer y sin poder pararlo. Ya. Pero él es diferente, Gaël, le viste entrar en la habitación, haciéndose notar, con esa mirada de estar esperando siempre a que una puerta se abra o una ventana se cierre, con las manos apoyadas en las rodillas y el whisky a menos de veinte centímetros.

Me niego a creer, Gaël, que el ciclo ha terminado, que se ha cerrado por dentro y no puedo hacer nada. No. Y ya sé que tendré que esperar meses, quizá años de letargo y noches como esta, de cerveza y café, de música que me recuerda sus pasos y la forma en que levantaba la cabeza para observar el itinerario del metro o cómo me hago una coleta. No me importa, aunque tú me digas que mejor no, que no espere, que tengo que arañar espaldas y no cuadernos, que deje de señalarme en el espejo. No me importa porque al final está él, aunque preso en el aire o mordiendo la almohada. Porque todo camino recorrido me lleva hasta su casa, porque ni ayer ni hoy ni mañana será mío, porque no sé estar de ese lado de las cosas. De mi lado ya conoces las prioridades, de su lado ya sabes que hay otras. Muchas más, con una importancia que no entiendo.

Nunca podré abarcarle del todo y siempre envidiaré su paciencia, esa voluntad que le empuja, aunque no quiera, al perfeccionismo y a no apretar la tuerca. Yo me paso el día dando vueltas o hablando sola, recitando poemas, escribiendo versos sucios, haciendo el pino dentro de cerebros que ni siquiera conozco. Él mira e intuye, saborea y a veces ni siquiera engulle. Yo no, no sé hacerlo, voy deprisa siempre, ya me conoces. Fumando de un lado para otro, gritando.

Le quiero, claro que le quiero. Pero no le quiero como siempre he querido, no le amo como se ama a un padre o a un hermano. No le quiero como en las películas y los libros. No es eso, Gaël, y aunque tú te empecines en decirme que esto me pasa ahora pero ya el año que viene no me preocuparé, sé que no será así. Porque cuando un hombre pasa de opaco a aire, de realidad a sueño, de pura curiosidad a admiración, entonces Gaël, entonces se sabe que aunque no te de la gana y no te apetezca le querrás eternamente. Aparecen y aparecerán otros, claro que sí, porque mi impulsividad y locura me incitan a pisar barrios de olor a incienso y casas de escaleras de madera, con sus sinfonías de somieres, con porteras de bigote y voz tosca. Ya te dije al conocernos que nadie pararía mi mundo y él tampoco lo hará, pero sé, como supe en alguna otra ocasión, que mi vida estará siempre tallada por su presencia. Su presencia de aire con hábito de humo.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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9 respuestas a Gaël y los cigarros, uno detrás de otro (o en todas partes y en ninguna)

  1. J. dijo:

    AYER estuve viendo a una chica que escribe como los putos ángeles y que se llama Helena con H y que tiene un blog que es http://aplastadordehormigas.blogspot.com/ y me enseñó esto, que creo apropiado reproducir aquí para tu uso y deleite, no sin antes proclamar el consabido “hijosputa todos”, no sé si con razón o sin ella:

    “Follarme a otro en tu lado de la cama,
    en la terraza.
    Follarme a otro y pensar
    que tú eres mejor
    pero no eres el único.”

    NO HE MUERTO. Lo juro. Aún.

  2. Arenas dijo:

    ¿Cómo qué no conocías a Hache? ¿De verdad que no la conocías?

    Te veo tan enamorada como la última vez, espero que esta te dure menos.

  3. Arenas dijo:

    Repasa. “Te veo tan enamorada como la última vez.” ¿Entiendes ahora?

  4. Arenas dijo:

    *El Sena está muy sucio y a lo mejor está la “Chocharde” maloliente que se la chupa a Oliveira para salvarte.
    Y no queremos eso. :D

  5. Arenas dijo:

    Eso digo y menos la “chocharde” maloliente.

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