Gaël, el encuentro.

A Gaël le gusta hacer que se muere. No es novedad, ya lo he comentado en alguna ocasión. Me mira con aire pesado, dibuja una media sonrisa en su cara (la cual termino imitando yo, como efecto reflejo), tira lo que sea que lleve en la mano, el periódico o una mochila, da media vuelta y se va corriendo. La primera vez que se fue recuerdo que mi reacción se basó en quedarme quieta y contener el aire, para después gritar una pregunta de esas de las que nunca obtengo respuesta; dónde vas, te veré mañana, me escribirás…
Pero esto es otra historia, yo venía a hablar de cómo le conocí.

Ha salido el sol hace un rato. Dentro de mi cabeza hay una gran mezcla de pastillas y diferentes tipos de alcohol, me cuesta caminar y el moño que acabo de hacerme me tira, así que cada vez que muevo el cuello me parece que alguien intenta arrancarme el pelo. Tras cumplir el objetivo de no despertar a ninguno de los que dormitan en el piso cierro la puerta tras de mí. He llegado a una especie de descansillo y no veo nada. Busco un interruptor y no lo encuentro. Me apoyo en lo que creo que es una pared, resoplo. Después de treinta segundos termino dando con el tramo de escaleras que buscaba, así que bajo los peldaños silbando. Pulso un interruptor y tras una especie de berrrrp la puerta que da a la calle se abre. ¡Libertad! pienso, y acto seguido me acuerdo de mi madre. La pregunta es, ¿cuándo no me acuerdo de mi madre?
Acabo de advertir que no consigo caminar en línea recta, al menos no del todo. Para que mi zigzagueo tenga una razón moralmente aceptable agarro el móvil. Menu -> Aplicaciones -> Bloc de notas -> Agregar nota -> Espberarte esh cmo pensarr n la existencia de a’gua en marte. Ubna posibilida lejana perto un posibilidad al ffin y al cabo.
Entre que lo escribo y lo guardo llego a Gran Vía y me alegro de que apenas haya gente. Café y galletas para la resaca que me espera, me siento en una terraza e intento hacer vida normal, a pesar de tener aún las pastillas y el alcohol caro bailando la lambada por mis venas. Cuando estoy así sólo soporto a Rafa Pons, así que on a su discografía. Muevo la cabeza en un intento de baile y me pregunto si habrá alguien en el mismo estado que yo, también me pregunto si alguna danza africana incluye mi movimiento de cabeza a lo paloma puesta de speed. El café está malo e hirviendo y si tiro una de las galletas a algún transeúnte podría abrirle la cabeza. Mastico como si me fuese la vida en ello e intento pasar los trozos que no consigo triturar con el café. Todas las personas que pasean a mi lado son:

-Ancianos con bastón.
-Grupos de señoras.
-Ancianos con bastón y boina.
-Sudamericanas en tacones que sacan a sus perros.
-Personas de toda clase cargadas con bolsas de tiendas.

¿Están abiertas las tiendas? ¿Qué hora es? ¿Qué día es hoy? ¿Por qué llevo un moño mal hecho y las gafas de sol torcidas? Pongo cara de susto y vuelvo a mirar a mi alrededor. Me suelto el pelo y me quito las gafas para volver a ponérmelas.
Por el tránsito imagino que es domingo, por el sol supongo que son las once y así me lo corrobora mi móvil. Me emociona el hecho de haber adivinado día y hora así que me entran ganas de contárselo a alguien pero a mi lado sólo pasan los que dije antes. Pienso en llamar a mi ex pero no creo que le entusiasme el hecho de que le llame borracha y de mañana. No es bonito, nena, no.
Me aburro de la cafetería y la gente así que me dirijo a la boca de metro de Plaza de España. Quiero una ducha y dormirme con el dedo gordo de la mano derecha dentro de la boca. Soñar con gente en pelotas que silba.
Llego a la boca de metro y me entran ganas de fumar. Hasta ahora ni se me había ocurrido encenderme un cigarro. Un chico apoyado sobre la valla que rodea la boca fuma y mira las escaleras. Hum, pienso, hum. Busco mi paquete de tabaco dentro del bolso y lo encuentro, medio roto, funcionando como marcapáginas de Sexus. Coloco un pitillo entre mis labios con la mano derecha, con la izquierda cierro el bolso y busco un mechero. Me lo habré dejado en algún lado, pienso. Vuelvo a mirar al chico apoyado sobre la valla. Hum…

-Perdona.
-¿Hah?-¡me mira! ¡me está mirando! Espera, ¿es bizco? Ah, no.
-¿Tienes fuego?
-Hmmm..sí, toma.-me vuelve a mirar y sonríe. Prendo el cigarro.
-Gracias-le devuelvo la sonrisa y pienso todo lo rápido que me permite mi estado- ¿Sabes qué? Es la primera vez que hablo en el día.
-se ríe- Ya…
-¿Cómo que ya? Por cierto, no vayas a esa cafetería, si al marido de la dueña se le pusiera tan dura como esas galletas que venden esto sería otra cosa.-justo cuando termino de decirlo me arrepiento. ¿Qué coño?
-no se ríe, se descojona- Entonces no iré ni de broma, ¿eres de aquí?-se interesa por mí…hum…
-No, de las afueras, pero conozco mejor esto que mi barrio. ¿Tú?
-Vivo cerca pero antes vivía fuera.
-¿Fuera dónde? A mí no me ha dado tiempo a irme.
-En Huesca, pero antes de eso estuve en Amsterdam y antes de eso en París.
-¿Y por qué Madrid?-uuuuuuuh
-Por esto, porque te hablan por la calle, porque no es demasiado caro, porque hay de todo…
-Ya nen, pero no hay mar. -por decir algo malo de Madrid, yo qué sé.
-¿Y a quién le importa el mar?
-A mí tampoco me llama demasiado la atención. Quiero decir que puedo vivir sin él. Sin él y sin montañas, prefiero la autopista. -y las luces, y los tubos de escape, el ruido…
-Madrid es divertido y curioso.
-No deja de ser el centro y, en ocasiones, una zona de paso. El mejor sitio donde beber, follar y dormir. -esto lo dijo un amigo mío, seguro.
-sonríe- Oye, ¿de dónde vienes? Si no es mucho preguntar…
-Ah no, tranqui. Anoche me colé en una fiesta de graduación y, sin saber muy bien cómo, acabé con un grupo de chiquillos ingleses que estaban de erasmus. De ahí conocí a una pareja de gays con la que congenié y he dormido en su casa. Aunque a decir verdad no sé si he dormido. ¿Y tú?
-Me fui con unos amigos a tomar algo y de repente apareció mi ex. Así que empecé a beber mucho más y casi le suelto una hostia al tonto del que es ahora su novio. Mis amigos me sacaron de allí y nos fuimos al Tupper. Bailando conocí a una rubia y he dormido en su casa. Ahora estoy aquí.
-¿Y ahora qué vas a hacer? Yo me iré a mi barrio, no puedo con mi alma.
-Supongo que me fumaré otro cigarro y después me iré a casa, tampoco aguanto mucho más por aquí.
-Bueno, pues encantada de conocerte, me meto al metro.
-Igualmente, cuídate mucho.

Le miro y sonrío. Qué majo, ¿no? Espera, no fue aquí cuando conocí a Gaël….

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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4 respuestas a Gaël, el encuentro.

  1. La Camarera dijo:

    Me encantan esos encuentros casuales. No sé si los da Madrid, pero Madrid es un telón de fondo perfecto para que se den. Aunque no fuese Gaël, también fue un encuentro para el recuerdo. Estoy de acuerdo contigo.

  2. Mario dijo:

    Madre mía, qué casualidad… este domingo tengo programado un evento en Girona: Rafa Pons. En fin…

    Me ha encantado leerte, otra vez.

    • Rafa Pons es un tío grande. Muy majete. Un gran jugador al pro-evolution.

      Me alegro de que sigas por aquí. A mí me ha gustado ver que me dejabas un comentario, que llevo ya un par de horas estudiando y quiero morirme…

  3. Mario dijo:

    Sí, es muy majete… y su destreza con la play se refleja hasta en las canciones. Eso sí, en las de amores y odios, también.

    En fin, te dejo estudiar, no quiero que me eches la culpa si algo no sale bien “aprobado”

    Por cierto, este domingo, R. Pons en Girona, anda, piérdete por su casco viejo.

    Un saludo

    Mario

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