Tormentas.

Pero no estás,
y la tormenta eléctrica ilumina de tal forma tu ausencia
que me duelen los ojos.

Nacho Vegas. Política de hechos consumados.

Y una luz muy breve devuelve el cuarto a la costumbre, pero al segundo siguiente es silencio y humedad,  personas bajo toldos y quizá, el sonido tintineante que en el fondo es la vida, colándose por grietas, deslizándose por oídos, por tejados. Todo a un mismo tiempo, ese tiempo que se convierte en algo raro cuando explota el cielo, cuando el tiempo es mojarse y dejarse estar, limitarse a colocar los pies sobre el alféizar, observar ese silencio de ventanas abiertas y luces tenues que vienen de detrás, siluetas que observan como yo que llueve, que está lloviendo y todo se empapa y no hay sitio para gritos ni cuestiones cotidianas porque llueve y es tan fuerte el repiqueteo de las gotas que de pronto la vida carece o se llena de sentido, alguien va y viene por la casa prendiendo un cigarro, hablando en bajito, luego ay qué frío de repente, las plantas se van a regar, pero llueve tantísimo que no escuchas nada, sólo voces de besugos que te descentran, porque tu única intención hasta que deje de caer agua es observar a las gotitas jugando con las ramas, cegarte con las luces del bloque de enfrente que se encienden cerciorándose de que está lloviendo, los brazos untados ese pegamento raro que provocan las tormentas de verano, luego Bessie Smith y recordarte como una tormenta perfecta, como ese relámpago tercero que no alcanza a sonar pero ilumina tanto que al rato ya lo echas de menos.
La lluvia es como un viaje en el tiempo, de pronto estás viviendo en diferido, porque andas tan ocupado con las cosas que no te paras a pensar en ti o en cómo estás, te sorprendes  tratándote de usted, el barrio se sigue empapando, sacas medio cuerpo por la ventana, la lluvia empieza a calar muy hondo, respiras tan fuerte como puedes y resulta que estás vivo, tan vivo que puedes sentirte, eres tú y no otro quien siente una gota resbalando por la espalda, el pelo huele a jabón, apenas puedes abrir los ojos pero tampoco hace falta porque sí, sigue lloviendo, nada importa más que el acto y lo que él conlleva, porque si en estos tiempos nos seguimos sorprendiendo con las tormentas quizá podamos correr el riesgo de salir a la calle y, sin olvidar nuestro nombre propio, aprender a juntarnos con lo demás, con lo nuestro, con lo suyo. Con todo lo que viene después de la lluvia.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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6 respuestas a Tormentas.

  1. yatusabes dijo:

    ¿Has leído ya Tiempo de silencio?

  2. La Fille À Rayures dijo:

    Aunque sea simple y perruno, sólo puedo decir: guau.

  3. kikereig dijo:

    “Si la tormenta cesa…
    …seremos tormenta.”

    Eres increíble.

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