Jean strikes back.

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Después de aquella conversación no sé qué pasó. Sólo recuerdo un montón de tortazos con sus consiguientes moratones, esta maldita cicatriz en el pecho y todas las paredes del sótano de mi cerebro reventadas.

Una fosa común llena de mis neuronas. Todos los domingos y las vísperas de festivo que podría haber aprovechado y que al final sucumbían a un nombre propio. Su nombre y un montón de planos en los que siempre salgo cortándome las venas o escribiendo textos lloricas.

El amor y la confusión originan…

Luego pasa el tiempo y los grifos, las puertas, el cenicero de Praga, las bolsas de plástico, la emisora de la radio, la señora que toca el violín en la esquina de Preciados con Callao, el temblor de los altavoces, el mechero sin gas del cajón, los pasos de cebra, los tornillos que cierran las ventanas del metro, el papel de fumar, los bastones de los viejos… todas esas cosas tornan su sentido. Brillan de otra forma aunque son exactamente las mismas cosas de siempre.

Cuando el gris ya no es tan gris…

Además Jean ha vuelto a Madrid. Es noviembre y otra vez bebemos sin dejar de mirarnos, como buscando lo que en estos últimos meses podríamos haber perdido.

-Te has cortado el pelo-le digo, cruzo las piernas.
-Además sí, me lo he cortado yo.
-¿Y qué opina Rober de esa cresta que te has dejado?
-No es una cresta, es un gran trasquilón.
-¿Y bien?
-¿Qué?-agarra la botella de vino con fuerza y le pega un trago largo.
-No sé… ¿todo bien? ¿No hay nada que te joda por ahí? Siempre hay algo.
-No, creo que no. Rober adorable, como siempre. Lo único el tiempo.
-El tiempo.
-Sí, me hago mayor.
-Todos nos hacemos mayores, hasta yo aunque no lo creas.
-No sé cuántas veces tengo que repetirte que tú naciste fumando en pipa y hablando muy bajito, con voz de ultratumba. Como el espíritu de algún hombre mayor.
-De hecho Iker Jiménez está muy preocupado por mi caso. Cuando bebo me da por soltar cacofonías.
-¿Del tipo “y historia”?

Nos reímos, Jean escupe parte del vino sobre la chaise-longue. Después de comparar “caco” con “caca”, repetir varias veces la broma y rizar el rizo, le miro muy seria y pregunto por su problema con el tiempo.

-María, el tiempo. Me da miedo mirarme en el espejo. ¿Ves esto? –señala su frente– ¡Entradas! María, la alopecia no va a ccchegaaaar, ¡Ha llegado!
-¿Y? A mí las entras me ponen burrota.
-Pero no es gustar o no gustar a la gente, es gustarme a mí mismo. No quiero estas entradas, ni que las manos me tiemblen, ni perder vista y que me cuelgue la piel.
-Yo qué sé, Jean, esas cosas pasan. El tiempo jode más a unos que a otros, a ti te ha tocado la alopecia, lo mismo que te podría haber tocado…hmmm… dejar de comprar El Jueves, perder las ganas de fiesta, llevar bastón o usar brummel…
-Soy un mariquita sofisticado, eso nunca. A veces me imagino bailando con Rober, así, pegaditos y entrados en años…
-Qué imagen más tierna.
-¿Verdad? Y estamos tan guapos con arrugas y ropa holgada…
-Entonces no entiendo qué miedo te da hacerte mayor, me estás diciendo que te ves viejito pero bien.
-Claro, si el problema no es ese. Es que me da la impresión de que si me hago mayor dejaré de hacer lo que hago, perderé la pasión por vivir…
-No lo creo.
-Que sí. ¿No ves que cuando llegas a una edad es como si ya lo hubieras hecho todo? ¿O como si perdieras el interés por todo lo que quisieras haber hecho? Es raro pero a veces pasa.
-A ver, Jean, no nos volvamos locos. Eso de comerse el mundo está sobrevalorado, no tienes por qué irte a China para ser más feliz. Sabes a lo que me refiero. A veces aquí mismo, en tu puta casa o en un bareto puedes descubrir otras cosas. O no descubrir, sino redescubrir.
-No entiendo.
-A ver… por ponerte un ejemplo claro… en el sexo. Puede haber momentos en los que creas que ya lo has visto todo, que te aburras del meter o sacar, de la saliva o del sudor. Que a mí me pasa, ¿eh? Y acabo de empezar.
-Sí, rollo que te cansas porque crees que ya está todo el pescao vendido.
-Sí, eso. Pues resulta que no, porque siempre tienes que tener en cuenta la posibilidad de descubrir alguna otra cosa. No te voy a negar que es algo complicado, que tienes que estar muy atento porque la oportunidad se te puede escapar… pero la posibilidad existe. Es lo mismo en la vida.
-Lo que no entiendo es cómo extrapolas el sexo a la vida. Siempre estás pensando en lo mismo.
-Sí, pero me sirve para crear teorías tontas como la que te estoy contando.
-Tendrás razón.
-Pues eso, que hacerte mayor no significa cansarte de todo. Es más, la experiencia acumulada te permite adentrarte en nuevos horizontes sin miedo. Lo único que tienes que guardar es fuerza de voluntad, ganas de vivir. Da igual que tengas entradas o una pierna pocha, el tema está en ponerle pasión a lo que haces.
-Sí, no hay nada más triste que ir del trabajo a casa con la esperanza de que pase algo.
-Además qué coño, tú eres pintor. Vives de lo que creas, vives de lo que más te gusta. Te envidio por ello, sabes lo complicado que es en este mundo poder vivir del arte. No tienes ninguna queja sobre tu trabajo y eso ya es un punto a descartar bastante importante.
-Es verdad…
-Así que no entiendo tu miedo. A ver, que es normal que te plantees esas cosas, eso de sentirse mayor le pasa a todo el mundo, y más cuando alguien es como tú, que se rodea de gente mucho más joven. Es lógico que te dé por pensar esas cosas, pero no marees el tema.
-Ya, bueno, es que los jovenazos como tú me dais alegría. Estáis como una puta cabra todos, por eso de que todavía os quedan cosas por hacer y os estáis descubriendo… Qué bonicos sois.
-Bueno, yo de bonico sólo tengo el culo, pero te daré la razón. Por cierto, ni se te ocurra compararte con la gente de tu edad o estarás perdido.
-¿A qué te refieres?
-A que la gente de tu edad ya está dentro del rebaño. Trabajo, casa, hijos o perro, la tele hasta las doce, al cine los domingos…
-Pues fíjate que en alguna ocasión llegué a compararme y me deprimí. En el sentido de que yo no tengo una vida estable y esa gente sí.
-Y qué prefieres, ¿una vida estable y aburrida o una vida inestable pero llena de cosas curiosas?
-Lo segundo y gracias.
-Pos eso, queso.
-Tienes que eliminar ese tipo de frases de tu vocabulario.
-Coño, Jean, que son graciosas.
-Pero no puedes decir una verdad como un templo y luego soltar una frasecilla hecha de esas, que tiras por el suelo tus teorías freudianas.
-Cállate, viejo.

Nos reímos otra vez, esta vez con menos carcajeo porque Jean está a medio camino entre acariciarme y darme una colleja.

-Has vuelto a acabarte la botella –le digo mientras balanceo el vidrio delante de mi cara.
-Es que hablas mucho, joder, no te callas.
-Encima que te expongo una teoría…
-Ya, soy un quejica. En fin… una cosa que estaba pensando y me hace gracia.
-¿Qué?
-Aquel tipo, ese por el que ibas a dejarlo todo, te ibas a cortar una pierna por él y demás. ¿Dónde ha quedado?
-¿Por el que iba a dejar de escribir?
-Ese, ese.
-Le llevo en el corasssssón.
-No, en serio.
-Que sí coño, me jodió profundamente pero en fin, son cosas que pasan.
-¿Cómo que te jodió? ¡Qué novedad! –ríe- A ver, qué pasó.
-Pues que en vez de dejar de escribir por eso de que iba a ser feliz a su lado pasó todo lo contrario. Me desangró, me abrió en canal, me sacó las tripas y se las comió.
-Bella imagen.
-Así que creo que podría abrir una piscina y llenarla con toda la tinta que corrió gracias a él.
-¿Gracias a él?
-Claro, gracias a él porque fue quien me hizo escribir. Le tengo que agradecer eso.
-¿Y ahora?
-¿Ahora qué?
-Pues que te veo bien, tranquila. Das miedo de lo tranquila y feliz que se te ve. Hay alguien ¿Cómo se llama?
-¿Qué más da su nombre? Eso es algo que todos tenemos.
-Ay coño, pues háblame de él.
-¿Sabes lo que te dije en aquella conversación, hace unos meses? ¿Eso de que dejaría todo por esa persona, hasta de escribir?
-Sí, lo recuerdo. Estabas emocionadísima.
-Sí, emocionadísima y equivocada.
-Ya, pero explícate.
-Pues que no hace falta dejar nada, Jean. Nada de nada, no hay necesidad. Sé que sería capaz de hacer muchas cosas por él, lo siento así, pero las cosas simplemente surgen.
-Te refieres a que no hay que decirlo sino demostrarlo, y que esa demostración suceda cuando tenga que suceder.
-Exacto.
-Eso me pasa a mí con Rober. Sé que de necesitarlo uno de los dos dejaría algo, lo que fuera,  por la supervivencia de la relación. Ambos sabemos eso, tenemos la certeza de que nos desvivimos el uno por el otro, pero de momento no ha hecho falta que ninguno de los dos se sacrifique.
-Además ese sacrificio lleva, sin querer, a que uno sea la víctima y el otro el asesino. Es un poco fuerte la comparación, pero es así.
-Sí, aunque el sacrificio se haga con gusto siempre hay algo que al sacrificado le quema por dentro. Complejo de inferioridad, algo así.
-Además de esto ya me conoces, y sabes que mi locura se basa en realizar la misma acción una y otra vez esperando resultados diferentes.
-Sí, eso decía Einstein.
-Vale, pues resulta que mi locura no es tan locura, porque en mi empeño por conseguir un resultado diferente le he encontrado a él. A ver, no sé si la palabra sería empeño, ni siquiera sé si estaba buscando algo, pero el caso es que un día era sábado y yo venía de hablar con Núria, estaba bien y apareció él.
-¿Y qué pasó?
-Que pensando que aquello sería más de lo mismo vi que no.
-Pero vamos a ver, María, ¿no te das cuenta de que incurres en lo mismo de siempre?
-También lo pensé. Me vi a mí misma pretendiendo lo mismo que en capítulos anteriores, ya sabes, el sexo y el arrumaco, la canción de y la historia sobre… A primera vista vale, terminé confundida hasta yo, porque el eje era el mismo de siempre. Hasta que pasó.
-¿Pasó?
-Encontré la diferencia. Eso que me permitía moverme sin ningún deje de pregunta rollo “¿estaré en lo correcto?” “¿es esto, de nuevo, otro puto error de cálculo?” No sé, Jean, ese tipo de preguntas que siempre me hago cuando una historia empieza. Esas que si dudo en contestar sé que mandarán la relación al garete.
-¿Y qué diferencia hay entre él y todo tu pasado?
-Tardé en darme cuenta cosa de dos días. Estábamos sobre el viaducto, el sitio ese por el que siempre quiero suicidarme.
-Sí, ese puto sitio.
-Vale, pues entonces me di cuenta de que aquello no era otra cosa más, me di cuenta de que estaba sintiendo otra cosa. Algo nuevo. Las ganas me nacían de otro sitio, era como si el mundo entero estuviese a punto de ser descubierto, como rasgar un papel por ochenta partes diferentes.
-¿Y por qué crees que eso ha sucedido así?
-Una de las razones es porque no se parece en nada a todo lo que he conocido. Antes buscaba algo, un patrón. No hablo de un prototipo físico, tampoco intelectual, pero sí es verdad que todo lo que conocí anteriormente compartía ciertos rasgos. El rasgo más claro es que todos, de una forma u otra, me trataban como una cosa chiquitina y mona a la que hay que cuidar y proteger, aleccionar y mimar. Intentaban, por ponerte una comparación, ser mis segundos padres.
-Y tú por ahí no pasas
-Y yo por ahí no paso, claro. Todos intentaron examinar mi cerebro, realizar hipótesis sobre mi comportamiento, hacer listas. Ponerme a prueba al fin y al cabo. Algunos conscientemente y otros inconscientemente, pero lo hacían.
-¿Él no?
-No. Él me observa y escucha, está atento a todo lo que hago pero no le da vueltas. Le parece bien y lo deja estar porque creo que comprende que simplemente me muevo y ejecuto acciones. No cuestiona ni busca las razones por las que actúo de una forma u otra, imagino que habrá cosas que la harán más o menos gracia, pero me deja ser.
-Es que eso de juzgar a alguien es una tontería, joder. Si estás con una persona es porque quieres, porque esa persona te gusta, y coaccionarla o intentar cambiar su conducta es una atrocidad, sobre todo porque estás con alguien por cómo es, no por la facilidad que tenga para ser moldeable.
-Si, no es borrar y construir desde cero, es construir algo en base a algo ya hecho. Además cuando hablo con él es como si hablase con algún viejo conocido, como conmigo misma pero en un plano masculino.
-¿También él sale escaldado de todas partes?
-De todas. Y su madre le cae mal.
-Pero la quiere.
-Claro, igual que yo quiero a la mía, pero eso no implica que te tengas que llevar bien.
-¿Y en cuanto a lo demás?
-Un brindis.

Jean vierte lo poco que queda en la botella sobre nuestras copas. Sonríe y alza el brazo, yo hago lo mismo, feliz y contenta. De repente, justo cuando nuestras copas van a chocar, Jean baja el brazo y me mira fijamente.

-María, ¡Maríaaaaa!
-Qué, qué, ¿qué pasa?
-La conexión.
-¿Qué?
-Follar, follar. La conexión. ¿Existe?
-¡Coño!

Entonces caigo en la cuenta. Jean y yo al conocernos hablamos de una conexión extraña que se crea cuando conoces a esa persona. Los dos creímos que éramos los únicos en sentirla, y al descubrir que no, que había otras personas que también percibían esa sensación, sonreímos y nos sentimos un poco más normales y humanos.
También hablamos de que muchas veces antes de reconocer la conexión creímos haberla encontrado en otros cuerpos. Un error tras otro hasta que verdaderamente sientes que hay una cuerda invisible que te ata al otro. Puede resultar vulgar y místico esto que digo, pero es normal que suene así si nunca has sentido esa cosa, ese empuje al otro, eso de que uno más uno no son dos sino ambos.

-Joder Jean, es verdad, la puta conexión.
-Y qué, qué pasa, hay o no hay.
-¡Está!

Jean sonríe y vuelve a levantar la copa.

-Joder María, tendrías que haber empezado por ahí. Esa es la jodida diferencia, la puta diferencia. Podrías haberte ahorrado esa mierda sobre los exámenes de conducta y blablablá, lo importante es la conexión.

Las copas chocan, bebemos, Jean se levanta y pone no sé qué grupo en el equipo de música. Yo me paso la mano por la cara advirtiendo una borrachera muy agradable, y al hacerlo él aparece en el proyector de mi cerebro, de pie y desnudo. Como en el viaducto.

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Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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Una respuesta a Jean strikes back.

  1. senorbarns dijo:

    Es bonito cuando se encuentra el amor

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