La verdadera historia sobre los retratos de Petrarca.

Petrarca está sentado en una piedra, tiene un papel sobre el muslo y piensa en Laura. Laura, laurel, Laura. Soy un coñazo, a este paso no me lee ni Dios. Escribe: peTrArK * ManDa iii No tu Panda. Se siente mejor. Sale un tipo de una iglesia.

-Hola Petrarca.
-Buenas tardes.
-Nada que te veía aquí sentado y digo, joder, tengo que hacerle un retrato.
-Pero, ¿eres artista?
-Mogollón.
-¿Y qué tal pintas, has hecho algún retrato más?
-A Bocaccio, un boceto nada más porque estaba ocupao con no sé qué. Y hace dos días pinté un árbol.
-Aha…-Petrarca se lleva la mano a la barbilla-¿así qué tal?
-Demasiado amariconao, vente a mi estudio y te pongo un fondo guapo y ya veremos qué más añadimos.

Petrarca no tenía mucho más que hacer salvo inventarse su vida, y sabe que para eso tiene tiempo, así que sigue al artista por estrechas calles italianas. Llegan a una puerta de madera, el artista se acerca a ésta y llama.

-¡PRIMAAAAA!

Abre una joven mujer vestida con un trapo morado. Tiene el pelo revuelto y le faltan dos dientes.

-Primo, cojones, te he dicho mil veces que no me llames prima. Que me llamo Laura, ¡LAURA!, ¿te has enterao? Pues basta ya.
-Ya, yo qué sé, siempre me lo dices.

Petrarca observa fijamente a Laura. ¡Es ella! ¡La divinidad de Dios concentrada en una bella mujer! ¡Follar!

-Petrar, pasa coño, que no modermos.

Conducen al poeta por las diferentes estancias de la casa, en un momento el artista desaparece y Petrarca se apoya contra una pared. Laura está sentada en el jardín, canturrea algo mientras pela un pollo. Por su inclinación y poca educación al sentarse, Petrarca puede ver sin problemas el extenso canalillo y parte del vello púbico de la joven.

-¿Qué miras, poetita? Echa pa’lla que te llama mi primo.

Petrarca escapa de su ensoñación casi babeando. En ella Laura está tumbada en un prado, riéndose con los ojos cerrados. Le mira y con un movimiento de mano le hace llamar. Petrarca se arrodilla junto a la joven y desliza la mano por su pierna derecha, desde el tobillo hasta el muslo. La joven no deja de mirarle en ningún momento.

Acude a la llamada del artista, situado en una habitación oscura contigua a la cocina.

-A ver, Petrar… ¿por cierto, puedo llamarte Paco?
-Eeeh, sí, claro, como gustes.
-Eso. A ver, Paco, tengo un librejo super guapo. Te puedo pintar con él en la mano, en plan bohemio, o yo qué sé, te saco sin nada pero de perfil.
-Yo… verás, tengo que comentarte una cosa.
-Dime.
-A ver, yo siempre he querido aparecer en los libros como un tomate.
-¿Cómo un tomate?
-Sí, disfrazado de tomate.
-Pero de tomate… ¿por qué?
-Porque es el fruto perfecto, rojo como el fuego, tierno, vivo…
-Ya… eh… Vale, bien, no creo que me cueste demasiado pintar los rojos y el verde… Espera un momento… ¡Primaaaa! No, joder ¡Lauraaaaaaaa!

Laura aparece en el vano de la puerta, sudando a chorros.

-Pero Laura, por qué sudas tanto.
-El pollo, que se me ha resistío.
-¿Me puedes conseguir un par de ramitas de laurel?
-Sí hombre, creo que tenemos por aquí.
-Vale y… ¿Sabes el rollo de tela roja que utilizo para tapar los lienzos? Tráelo también, por favor.
-Voy.

Mientras Laura recogía lo necesario para comenzar el retrato, Petrarca observaba al artista colocar el estudio y, en un momento en que éste estaba de espaldas, colocó su pedazo de miembro en una posición optima para que no le doliera. El artista, como adivinando lo que Petrarca hacía, se giró y dijo:

-Qué, ¿te pone mi prima?
-Yo… eh… no, o sea sí, si no es ofender, claro.
-No hombre, es una mujer muy bella, es normal.
-Pero, ¿de verdad no te molesta?
-Noooo –el artista rió- estoy acostumbrado. Ella lo hace sin querer pero trae loco a más de uno.
-Ya…

Laura apareció de nuevo, sudando más que antes, dejó los bártulos sobre una mesa y se fue.

-Gracias primita.

El artista hizo una pequeña abertura en el centro de la tela, midiendo a ojo el espacio necesario para que la cabeza de Petrarca asomase sin problemas. Petrarca tomó la tela y se la colocó. La cabeza no pasaba.

-Joder, vaya artista estás hecho.-dijo la voz de Petrarca desde debajo de la tela.
-A ver, si hacemos fuerza yo creo que entras un poco justo pero entras.

Tirando a la vez consiguieron que Petrarca asomase la cara por la tela.

-Pero así estoy raro, tío.-dice Petrarca mirándose en un espejo del estudio.
-Que no Paco, que te da un aire más parecido al tomate.
-¿De verdad?
-Que sí, en serio. Ponte el laurel y venga, siéntate en esa silla.

Petrarca se sentó.

-No, abre las piernas, así cruzadas sigues pareciendo maricón. Menos mal que te pone mi prima, no me gustan los julandrones.

Petrarca abrió las piernas.

-Así, así. A ver, gira un poco la cabeza a la izquierda.

Petrarca gira la cabeza.

-Mi izquierda, no tu izquierda-dice el pintor.
-¿Hacia dónde cojones giro la cabeza?
-Da igual, quédate así.

Tras un rato de silencio en el que el artista miraba concentrado su lienzo, dibujando trazos aquí y allá, lo que sería el retrato empezó a tomar forma. El artista, orgulloso, enseñó la obra de arte a su modelo.

-Qué, qué te parece.
-Petrarca estiraba el cuello-Yo qué sé, bien, ¿no? Sí es verdad, parezco un tomate.
-Y verás cuando le meta colores… Va a quedar precioso… Hablando de colores… Creo que estaría bien ponerte el cuello de una chaqueta. Un cuello marrón. Así, para romper con el rojo y hacer contraste con el verde del laurel.
-Vale, por mí cuanto más tomate quede pues mejor…

El artista giró sobre sí mismo y comenzó a sacar trapos de una caja. Después de desechar dos trozos de tela verde, un palo y una especie de trozo de madera, consiguió lo que quería.

-Bueno Paco, esta tela la utilizaba para tapar un agujero que había aquí en la pared del estudio, pero vamos, que si no te molesta lo usamos. Huele un poco a gallinero.
-Si crees que es necesario dámela, total va ser un rato el tiempo que la voy a llevar puesta.

Petrarca se mantiene sentado y el artista se acerca a él, enrollando el trozo de tela marrón a su cuello con cara de concentración. Petrarca se emociona al verse tan admirado, su ego se llena. Por un rato no piensa en su Laura, ni en Laura la prima del pintor. No piensa en nada, sólo ve a su ego alimentándose.

-Yo creo que ya está, vamos a seguir con el cuadro, no me queda nada más que dibujar un par de trazos.

El artista volvió a concentrarse en su lienzo, Petrarca a concentrarse en él mismo. ¿Dónde colocaría el cuadro? ¿A quién se lo enseñaría primero? Dependiendo de cómo quedase tenía varias opciones, o dárselo a su madre en caso de que el cuadro no valiera ni para quemarlo, o quedárselo él con el objetivo de regalárselo a una dama con la que pasara una noche salvaje. Pensando en noches salvajes estaba cuando se le ocurrió un poema:

Noche estrellada y en calma
es el cielo, flor de plata y candor
para nosotros, querida amada
en este espacio en que sólo tú
eres sol

Maldigo a la tierra que pisas
por no poder tocarla yo
y en caso de hacerlo, dime
¿cómo repetir tal bella acción?

No me reconocerás mañana al alba
dulce enredadera,
locura trasnochada
Tampoco querré reconocerte yo

Por eso este retrato
en tus manos ha de quedar
para así puedas adorarlo
tanto como esta noche
Petrarca, que soy yo,
te amará.

Coincidió que Petrarca terminaba de matizar su poema con el fin del retrato. El artista miraba de brazos cruzados el lienzo y asentía con la cabeza.

– Paco, tío, creo que es lo mejor que he pintado en años.
– Déjame verlo.

Petrarca se levantó y observó su figura, semblante serio, mirada ligeramente inclinada hacia su izquierda. El conjunto del verde y el rojo le paralizó, se encontraba verdaderamente ante un gran artista. Aunque le salía un poco de papada no puso pegas. Era perfecto.

-¿Puedo llevármelo? Mi madre tiene que verlo.
-No Paco, espera a que se seque y pasa por aquí en un par de días. Quiero asegurarme de que este cuadro se mantiene en perfecto estado. Has quedado bien, ¿verdad?
-Es cojonudo, joder, y el tema del trozo de tela en el cuello ha quedado perfecto.

Este fue el resultado:

Petrarca se despidió y dio las gracias al artista, después y con una leve reverencia dijo adiós a Laura, que seguía con el pollo. Salió a la calle y tarareando se condujo de nuevo a la pierda donde estaba sentado, escribió: “noche estrellada y en calma…”

Anuncios

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
Esta entrada fue publicada en Prosa y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s