Los límites de lo anónimo.

Que se te acerque un conocido. Le ves poco, coincidís una o dos veces a la semana. Sabes algo de él, puedes intuir algunas facetas de su personalidad. Crees que tiene gato. Un gato con los pelos muy largos. Lleva el abrigo lleno (el tipo lleva los bolsillos llenos de pelo de gato, qué hijo de puta más loco). No, a ver, tiene pelos por encima del abrigo. El gato ha dormido encima, oliendo al amo*.
Se te acerca en la cafetería. Lleva acercándose a ti desde hace un par de semanas, con una sonrisa rara. Hace afirmaciones estúpidas como “vaya, otra vez café con leche”, “oh, esos zapatos”. El tipo tiene cara como de que le gusta coleccionar; botellas de plástico vacías, camisetas de bebé, páginas en blanco de libros antiguos. No sé, colecciona. Además de esto te sugiere cosas. Quiere ayudarte a algo y no sabe muy bien cómo. Te ha sugerido un artículo de la Más Allá, te dice que lo leas. Te sugiere comprar en Primark**. Esa clase de persona que recomienda a todo el mundo todo lo que le gusta, sin establecer criba alguna. Se le ha visto recomendando a Dan Brown a los niños que salen de un colegio cercano a su casa.
Se aproxima a ti en un momento en el que la cafetería se queda sin gente. Sabes que de nuevo viene a sorprenderse porque tomas café con leche. Es el tipo de persona que mata un montón de civiles porque sí. Crees que en caso de hacerlo, te salvará a ti. Te dice:

-Tienes que leer a una chica.

Busca dentro de su mochila. Es una mochila como con la tela reforzada por un cartón. Una mochila dura. Saca de ésta un folio. En ese folio una entrada de tu puto blog. El loco te está recomendado un blog que escribes tú. El loco ha imprimido una página de tu blog y te pide por favor que leas.

-¡Lee, lee!

Lees y te das cuenta de que es esta puta entrada. Esta puta entrada que escribes ahora, el loco ha conseguido imprimirla antes de que la redactes. El tipo tiene esa capacidad, es un cabrón que juega con el pasado y el futuro. Tiene una visión del tiempo parecida a la de Doctor Manhattan. Es un hijo de puta con clase. Y tiene un gato.

*Oliendo al amo ¿no? Un tipo de relación sexual basada en oler a tu pareja. Sólo oler. Un futuro sin penetración ni lenguas, sólo olerse.
**Esta ola de gente que compra en Primark ¿de dónde cojones sale?
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Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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12 respuestas a Los límites de lo anónimo.

  1. Serna dijo:

    ¿Sabes lo mejor de todo?
    Que cuando te leo me imagino que tú misma lo estás leyendo, y eso me hace más interesantes tus textos.

    * Se te echaba de menos por aquí…

  2. notreallyhardcore dijo:

    twitter tambien esta acabando con tu creatividad

  3. Núria dijo:

    * Me has hecho ronronear.
    ** Te digo de dónde salen? (bueno no, tú ya lo sabes). Faltan prados…

    Te colecciono (aunque tú eso también lo sabes).

  4. La Camarera dijo:

    Que agobio, M.!! Qué agobio tan fantástico!! Palabrita de Darwin, porque mejor dejar al Niño Jesús tranquilo, que bastante se habrán acordado de él y de su madre y de toda su familia hace unas semanas… Palabrita de Darwin que a medida que acababa de leer se me ponían los ojos como platos!! Qué punto de post.

    Usted sí que es bonita. Usted es completamente marvelous.

  5. No hombre, eso pasa. Y bueno, esos cabrones con gato dan miedo, y arto. Se entienda la tensión en el ambiente jeje.

  6. Rocket dijo:

    Una vez hace muchos años en Mostar conocí a un chiflado parecido. Llevaba un abrigo un tanto raído, acorde con los tiempos que se vivían. Era de Sarajevo y tenía una esposa a la que amaba y una amante a la que esposaba.

    Era encantador, un tanto callado pero ocurrente, muy oportuno y, sobre todo, culto. También llevaba siempre una ajada mochila de lona en la que escondía sus pequeñas obras de arte y sus secreto confesables: una paloma hecha en paperoflexia, una flor perfectamente desecada, un cuaderno de dibujo que cerraba con una goma elástica, un libro de poemas de Mílan Rákic y una pistola Tokarev con la que le voló la cabeza tanto a su mujer como a su amante antes de entregarse.

    Los franceses que le interrogaban no parecían fiarse demasiado de él, quizás debería usted hacer lo mismo con su desconocido. Aunque en su caso no creo que sea necesario que le reviente usted la nariz a hostias para que cante si tiene otras intenciones que el crimen pasional.

  7. eloficinixta dijo:

    ¿Un conocido? Pues claro que sí; además, ya entablamos contacto antes de dejarme caer por la cafetería. Revisa tus Emails… Aunque, ahora que lo pienso, podrías también haber empleado el antónimo “desconocido” con la acepción de muy cambiado o irreconocible, en el caso de que me hubieses conocido personalmente cuando nos comunicábamos por correo electrónico. (¿Recuerdas los Emails? A lo mejor todavía conservas alguno en tu buzón de entrada) Y es que, de un tiempo a esta parte, estoy un poco desmejorado: la tonalidad de mi piel es cada vez más cetrina y a duras penas consigo arrancar de mi rostro el gesto adusto que ya se ha convertido en cotidiano. No te ha sucedido nunca que tras una larga temporada sin mirarte en el espejo, cuando reúnes el valor necesario para enfrentarte a tu reflejo, te preguntas: ¿Quién es esa persona que, como un mono, imita mis gestos y me mira desde el cristal?

    De todos modos, unos cuantos correos no es suficiente para conocer a alguien, o sí… Hay quien se entrega a una persona durante muchos años, y una noche, mientras duerme a su lado, piensa: “Socorro, ayudadme. Hay un desconocido en mi cama”. Esto le pasa a mucha gente (son ya cientos los mensajes que atestan mi buzón de entrada). Hoy mismo he recibido uno donde un tipo me cuenta que se levantó en mitad de la noche a beber un vaso de agua. En la oscuridad entrevió una luz blanca que se deslizaba entre las rendijas de la puerta del estudio. Entró de improviso, con la intención de gastarle una broma a su pareja y que ésta se llevara un buen susto, para luego abrazarla y llevarla en brazos a la cama, cuando vio (en este orden): El piloto del ordenador parpadeando, la webcam encendida, su mujer sobándose las tetas con un brillo de lujuria en los labios y, en la pantalla, un tipo que se masturbaba frenéticamente, mientras escribía con la mano que le quedaba libre: ¿Quién es ese? ¿Tu marido? ¿Hacemos un trío? No me queda muy claro si lo que más le molestó es que su mujer practicara el cibersexo (conocer su lado oscuro, ese que tanto atrae al señor Gutiérrez) o el hecho de que lo hiciera a escondidas, sin contar con él.

    No colecciono botellas, ni libros, ni camisetas de bebé, recolecto Emails que almaceno en el disco duro de mi ordenador. Una vez he reunido el número suficiente de correos de un mismo remitente (con diez o doce suele bastar, depende de la extensión, el contenido y la veracidad de la información de los mismos, veracidad que sólo el Webmaster es capaz de discernir) los vuelco en una página web.

    No estoy solo en esto, cada día somos más los que hemos hecho de esta actividad el “leitmotiv” de nuestra vida. Todos comenzamos del mismo modo, intentando superar nuestros miedos e incertidumbres, sumergiéndonos en una búsqueda que nos condujo al abismo. Los que fuimos capaces de permanecer en el borde y no caer, llegamos hasta Él y conocimos su web: una página viva, que cambia de dirección continuamente, minuto a minuto, que se camufla y adopta la apariencia de otras y a la que sólo nosotros, los elegidos por el Webmaster, podemos acceder mediante un correo donde se nos indica el día y la hora exactos, junto con un enlace. Memorizamos toda la información, cerramos el buzón de entrada y cuando lo volvemos a abrir, el correo ha desaparecido.

    No sólo soy capaz de saber lo próximo que vas a escribir en tu blog, esto va mucho más lejos. Te sorprenderías si supieras lo que sabemos de ti: una Información que abarca presente, pasado y futuro, incluso el día en que morirás y tu nuevo renacer. Sé que, mientras estás leyendo este mensaje, te preguntas cómo es posible, a partir de unos cuantos correos. Sería muy largo de explicar y no lo entenderías. Quédate con la idea de que tus correos son la puerta de entrada y la llave sólo la tiene el Webmaster.

    Saludos hija del maltrato.
    PD: No es un gato, mi niña. Son dos. Miauuuuuuuu. Este texto, entre otros, fue el resultado de una noche de insomnio, alcohol y tranquimazin.

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