¿Por qué no Cortázar?

Son tantas veces las que me encuentro a personas inteligentes, sensatas, amantes de la buena música y de la lectura, con un sentido del humor bastante amplio, capaces de entender, de comprender, aprender. Son tantas que es una maravilla, me invitan al silencio, me asombra escucharles hablar, opinar (y en general hacer palabra de cualquiera de sus pensamientos), hasta observar cómo se mueven es entretenido.

A pesar de todo lo anterior, cuando les pregunto (es una de las preguntas más frecuentes de mi batería) cuál es su opinión sobre Julio Cortázar, en su mayoría ponen esa sonrisa del que comprende pero no quiere ir más allá, del que se detiene junto a un gran muro y decide no saltarlo por creerlo imposible o demasiado costoso o sin fin en sí mismo. Después de esa sonrisa suelen añadir, “no lo entiendo” o “hay veces que se me hace muy pesado” o “se me enreda un poco y no consigo llegar a ninguna parte”.

Bien, puedo comprender que una persona no consiga leer de un tirón uno de los capítulos de Rayuela sin sentir que se le adormece la capacidad de comprensión (oraciones con muchas referencias, quizá una acción que en ocasiones se antoja casi anecdótica), por esa misma razón puedo llegar a entender que los capítulos más leídos (y con mejor opinión) de ese libro sean el 7, el 68 (aunque no siempre) e incluso el 93 o el comienzo del 1. Lo entiendo porque son los capítulos más evocadores, quizá más reales en un sentido de realidad más cercana (los besos, el sexo, el amor extraño y la búsqueda, respectivamente), diferentes en contenido y técnica a otros capítulos en los cuales se reúne el Club de la Serpiente, con esos diálogos difíciles a veces de seguir, y todas esas referencias que en caso de no tener la edición de Andrés Amorós (Cátedra, 2ª edición 2010 , la mejor que he encontrado) te pueden volver loco.

Y no importa si una persona no quiere o no le apetece leer a Julio Cortázar, es igual, nadie obliga a nadie y estoy segura de que a Cortázar tampoco le importaría demasiado. No importa si la razón que te lleva a no leer a Julio radica en que no te guste porque su escritura no termine de convencerte, porque lo que cuenta no te interesa demasiado, porque prefieres otro tipo de autores mucho antes que tragarte el coñazo de Rayuela, o Libro de Manuel, o los cuentos de Todos los fuegos el fuego, o la amalgama de ideas en Último Round. Pero que la negación total a Julio sea sólo porque alguien sea incapaz de entenderle es extraña. ¿Alguien entiende a Borges la primera vez que le lee? ¿A Kafka? ¿A Alejo Carpentier? ¿A Goethe? Si es así que levante la mano, que me lo haga saber, que me explique cómo.

Y cuando hablo de entender, de comprender, no hablo de saber lo que dice porque sabes leer, porque sabes reconocer la tipología de un texto, porque tienes una idea general del contexto histórico-social que rodea una novela, un cuento o un poema. Hablo de llegar al fin mismo de esa novela o ese cuento, hablo de conocer de una forma aproximada (siempre es aproximada) lo que quería decir ese autor con eso. Toda buena novela, desde mi punto de vista, responde a una realidad (interior o exterior), a un suceso que se abarca de una forma más o menos extensa. Pongo comos ejemplos Nada de Carmen Laforet, Réquiem por un campesino español de Ramón J Sender, Campos de Castilla de Antonio Machado, la obra completa de Rimbaud, la poesía y la prosa de Allan Poe, la poesía de Keats… o El Decamerón de Bocaccio, mucho más atrás en el tiempo.

Quizá el inicio del problema es que nos hemos acostumbrado a estar a distancia de clic de todo; la compra mensual, el horario del cine, las entradas para el concierto, el amigo al que siempre se nos olvida llamar, el último disco del grupo que nos gusta. Lo que antes nos llevaba un tiempo: salir a la calle, esperar una fila de supermercado en la que dos señoras han hecho compra anual, comprar el periódico, acudir a la taquilla, invertir tiempo y dinero en el teléfono, visitar cinco tiendas de discos diferentes… se ha convertido en una labor de segundos (quizá de minutos, dependiendo de tu conexión a Internet).

Pienso ahora que gracias a Internet en realidad hemos ganado tiempo. Todas esas horas sueltas que invertíamos en realizar la compra o una llamada ahora las tenemos en nuestra disposición. Me pregunto qué hacemos las personas con tanto tiempo suelto en los días. ¿Televisión? ¿Más Internet? ¿Sueño? ¿Droga? ¿Crear amistad con
nuestro tío el de Alcalá?

La rapidez nos ha llevado a adquirir cualquier cosa (en este caso un cuento de Julio Cortázar) y a intentar entenderla en un primer vistazo. Como he dicho antes, nadie (o pocas personas) son capaces de comprender algo en un primer golpe. Entonces ¿por qué no Cortázar?, ¿por qué no brindarle una oportunidad, un alargar la mano y coger su libro? ¿Un imprimir un cuentecito? Y si se decide darle esa oportunidad ¿por qué no leer un mismo párrafo dos, tres veces? ¿Por qué no subrayar esas frases que nos remueven un poco? ¿Por qué no intentar saber más?

Ahora que tenemos más tiempo gracias a Internet, y también gracias a Internet tenemos un campo delante lleno de bibliotecas y profesores que explican, ¿no es un poco tonto quedarse en el “no lo entiendo” por el mero hecho de que no lo has intentado por todos los medios?

Llego al fin de este texto. A algunos de los que me leéis no os sorprenderá porque ya es conocida mi obsesión por la obra de Julio Cortázar, porque raro es el mes que paso sin leerle, sin descubrir algo. Bien, pues ahora reto a quien lea esto a quitar el nombre de Julio Cortázar, borrarlo (y quitar las referencias a algunas de sus obras, claro) y poner cualquier otro. No importa el autor, da igual si Pombo, Pedro Juan Gutiérrez, Queneau, Horacio Quiroga o Fante. Importan las ganas, supongo. Queda claro que tiempo ya tenemos, entonces las ganas. Las ganas.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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15 respuestas a ¿Por qué no Cortázar?

  1. Serna dijo:

    Este texto me es familiar por la conversación que tuvimos ayer!
    ¿A qué te refieres con “quitar el nombre de Julio Cortázar”?
    Por si acepto el reto..

    • Alía Mateu dijo:

      He leído y creo que más o menos comprendo (no todo) lo que Roland Barthes quería explicar.

      Me parece feo tener que relatar exactamente qué quería decir en este texto, pero supongo que, como es normal, habrá hilos sueltos, y habrá alguien como usted que todavía no tenga claro lo que explico. Pues bien:
      No me refiero a lo que Julio Cortázar (u otros) pretendan decir, no hablo de la maquinaria que lleva a un escritor a contar una cosa de una u otra forma para buscar X reacción en el lector. No me refiero, y me remito a frase de Balzac, ni al castrado, ni a la mujer, ni a la descripción que se hace de ella. Me refiero a que con un poco de ganas, de empeño, de inquietud, se pueden descubrir dentro de un relato muchas más cosas de lo que se cuentan en él. Sobre todo en los cuentos de Cortázar me da la sensación de que suele haber un mundo detrás de cada cuento, un lugar a medio explorar y del que el lector puede disfrutar o no, dependiendo de esas “ganas” o esa “inquietud”. El fin (y el medio), entonces, sería el mundo de detrás del texto y cómo éste participa activamente en el relato que-se-lee. Para llegar a vislumbrar apenas ese mundo hay que estar atento, supongo, y tener ojo. E imaginación. Y ganas….

      Iba a continuar con los enlaces pero no encuentro el cuento “La barca o nueva visita a Venecia” incluido en “Alguien anda por ahí”, en el cual una tal Dora parece haber salido de ese mundo de detrás, y va directamente a contarnos lo que pasa desde su punto de vista, haciendo apariciones espontáneas en mitad del relato. Mero ejemplo del juego que Julio hace a lo largo de todas su obra.

  2. Arenas dijo:

    Ya no es que sea complicado. A Julio le molesta el lector vago, el lector hembra. Te obliga a pensar y la gente, por lo pronto, no soporta demasiado tiempo palabras en la cabeza por ordenar.

  3. Porcelana, Bea, Patáta, comotuquierasllamarme. dijo:

    Yo recuerdo que amé muy fuerte el 99 de Rayuela, partiendo que lo amé muy fuerte en general, a Julio. Y se guarda una cantidad indecente de filosofía en la manga, el tio. Igual tu obsesión es comparable a la mia con Pizarnik. Aunque Julio también se clava en la sien, muy fuerte. Queseyoquetiene la literatura sudamericana. Beso gordo.

    • Alía Mateu dijo:

      “—Se acabó —dijo Babs—. Vamos, me estoy durmiendo.
      —Al final, como siempre, un acto de fe —dijo Etienne, riendo—. Sigue siendo la mejor definición del hombre. Ahora, volviendo al asunto del huevo frito…”

      Que Heiddeger nos pille confesaos.

  4. Analfabeto profesional dijo:

    Por ejemplo, “2001: Odisea en el espacio” (la peli) es una fucking master piece del cine y entiendo que mucha gente no la vea porque es un coñazo, es muy lenta o tiene fobia a las naves espaciales. Pero decir que pasa del tema o que es mala porque es muy rara es para SILLAZO EN LA CARA.

    Totalmente de acuerdo en ese sentido.

    En lo de que tenemos más tiempo… no se yo. Creo que internet nos invita más a desperdiciar el tiempo que a invertirlo.

    • Alía Mateu dijo:

      Kubrick es buena mierda y quien diga que no es que no ha visto su cine. Y no sólo hablo de la “Naranja Mecánica” o de “2001: Odisea en el espacio”, hablo de “Barry Lyndon”, “Espartaco” o “El resplandor”. ZEÑORA, este tipo toca todos los palos y lo hace muy bien.

      ¿Sabes eso de que Kubrick mete al inicio de Odisea en el espacio diez minutacos de oscuridad con BSO y la gente SE VA del cine?

  5. La Camarera dijo:

    Con ganas, ganas mucho, pero la “fast food” también se abrió paso entre la literatura y los lectores ávidos de textos para echar un “rapidito”. Tanto la comida como los libros “fast”, atrofianz: la primera, desorbitando el cuerpo y los segundos, escuchimizando el cerebro.

  6. eloficinixta dijo:

    Yo entiendo la literatura como un divertimento, un entretenimiento. De los 14 a los 18 sólo leía novelas de ciencia ficción y de terror (King, Clive Barker, Lovecraft…) Poco a poco me fui adentrando en la llamada literatura de autor, la que algunos definen como literatura seria y culta, pues hay que etiquetarlo todo. Las etiquetas, en ocasiones, perjudican más que benefician. Puuuuf literatura de autor, vaya coñazo, qué pestiño, esos señores tan serios e intelectuales que saben de todo y se empeñan en hablar utilizando un vocabulario extraño e ignoto (por cierto, desconfiad siempre de aquellos que cuando hablan hacen muchas pausas al tiempo que buscan mentalmente la palabra adecuada o el sinónimo más retorcido. Cuando están en la cama con una tía le piden permiso para comerle el coño y cosas así)

    La cuestión es, para no extenderme mucho, que la gente no quiere pensar ni que le obliguen a ello. Pero no nos engañemos, esto no es nuevo, siempre ha sido así, al menos desde que se inventó la televisión. Y leer es un pasatiempo activo, que te obliga a pensar.Si ya es difícil encontrar a alguien que lea con una cierta asiduidad, imaginad encontrar a alguien que disfrute leyendo a Cortázar.

    Con el cine pasa algo parecido. Por ejemplo, la última de Torrente ha sido la película española más taquillera de este año. ¡Manda cojones! Volviendo a lo que decía al principio sobre el entretenimiento, por lo visto, muchos se lo pasan de puta madre con Torrente. En mi opinión se trata de un humor fácil, previsible y zafio. Normalmente, los que adoran a Torrente son los mismos que te dicen que no entienden las películas de Woody Allen, Iñárritu o los hermanos Coen, entre muchos otros.

    Yo hace tiempo que dejé de recomendar libros, salvo a determinadas personas… Recomendaba a autores como: Onettí, Bolaño, Benedetti, Cabrera Infante, Vila Matas, Antonio Muñoz Molina, mi adorado Millás… He prestado libros que me los han devuelto a los dos días, alegando que se habían aburrido como ostras, que no se enteraban de la misa la media y que cómo había sido yo capaz de terminarlos y, lo que más delito tiene, disfrutar mientras los leía.
    Sobre Cortázar tengo que decir que he disfrutado muchísimo de sus cuentos, pero Rayuela me parece una obra un tanto pretenciosa (que no se ofenda nadie)

    Y ya para terminar (que vaya matraca que estoy dando) no habéis tenido nunca la sensación con un determinado fragmento de una novela de que lo habéis escrito vosotros. A mi me acaba de pasar hoy con este párrafo de “La flaqueza del bolchevique”

    “…ahora he decidido que la vida no merece arriba de quinientas palabras y que las más a propósito son palabrotas, pero no es que nunca haya pasado de aquí, sino que he llegado aquí. Muchos capullos se atascan donde yo estoy ahora al poco de nacer y se quedan aquí para siempre. Yo he venido hasta aquí pasando por otros sitios antes, y algunos de ellos olían bastante mejor, aunque nunca duró demasiado. Puede parecer que más habría valido ser desde el principio uno de esos capullos que no ven mundo ni conocen otros sitios que huelen mejor. Si toda mi vida hubiera sido un capullo ahora estaría contento, y no acordándome de que aquel día era lunes y el alma me pesaba encima del slip…”

    ¡Saludos hija del maltrato!
    PD: De tanto en tanto me dejo caer por aquí y aunque no escriba la leo, lo cual es una práctica muy recomendable.

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