Tardes de primavera en el piso de B.

-Algo pasa—dice Brigitte dándole al play al reproductor.
-¿Qué crees que es?—respondo yo con cara de saber la respuesta.
-Será el tiempo.
-Pero ese bicho está andando siempre, otro.

Brigitte se levanta del sofá y eleva la rodilla izquierda como si fuese a dar una patada o a bailar.

-¡Patadas! ¡Eso es lo que pasa!
-¿Patadas?
-Claro, patadas. O palabras, puedes llamarlas así también si quieres.
-Perras negras—contesto yo sin dejar muy claro si afirmo o pregunto.
-¡Y todas dentro del cementerio!
-¡Muchas patadas!

Me levanto yo también del sillón.

-¡Que hacen mucho ruido!—empieza a corretear alrededor de la mesa del comedor.
-Tanto ruido que… ¡te dejan sorda!—la sigo.
-¡Palabras, palabras, palabras!—Brigitte sonríe con los brazos estirados hacia el techo.

Me subo al sofá y señalando un cuadro de Bowie digo:

-¡A Dios pongo por testigo que no volveré a usar las palabras!

Así es como Brigitte y yo estuvimos sin hablar tres horas. Luego nos arrepentimos y aunque por mi parte hubiese jurado ante Bowie no volver a utilizarlas, tuve que hacerlo. Mezquino idioma, cuna de malentendidos, sastre de problemas, fotografía del momento, maldito retroceso al tiempo que juraste no recordar, malditos los recovecos de tus palabras que a veces me vuelven invencible y a veces torpe. Huyo de tu sistema lo mismo que me acerco a él, haces instantánea mi vida a través de tus herramientas, recompones el humo de cigarros, llenas de hormigas el folio, lo mismo te ausentas que apareces, tus recursos son gatos negros, cortas y pegas ciudades allá donde te place, registras individuos y los divides en parcelas. Saco de fuego, tú que todo lo tocas a veces no llegas o me vences de repente. Ciérrame la boca de una vez o manténme como una cascada. Átame hasta que se me abran las muñecas y me cueste respirar, haz un butrón en mi cerebro y desaparece o cuélate y quédate a vivir dentro. Idioma, no me des tregua aunque duela, aunque sólo seas metáfora, aunque me destroces el pecho a base de juegos rítmicos o mediciones absurdas. Arráncame el estómago, llévate mi sangre, que todo sea cruel porque te has ido y no piensas volver ni a este lugar ni a esta boca que te utiliza sin poner cabeza. Termina de renovarte o estáncate, absuélvenos, elimina esta hegemonía bajo la que nos mantienes quietos, sin dejar de correr, boqueando mirando al techo, creciendo junto a tu cruel enredadera de espacios, símbolos y significados. No juegues a dejarnos creer que los silencios pueden ganar la partida, siempre hay alguien que te utiliza y te nombra, siempre tú en cada cosa. Hasta los números te miran desde abajo, hasta los sentimientos se tejen contigo, uniendo costa con costa.
Dinos qué postal hay que enviarte, qué trozo de mundo hay que mostrarte para hacerte ver que no te necesitamos. Que aunque a veces pensemos que no, disfrutamos de tu ausencia en cada trozo de piel recorrido, que nos morimos por mantener un buen silencio y no una buena conversación, que confiamos más en los gestos, en los neumas, que en esa especie de espasmo de aire y lengua que llamamos habla.
Si la humanidad conocida comenzó contigo también acabará por tu culpa, porque unes y abrazas esto que nos designa y nos hace parecer personas. Sólo tú nos diferencias del resto y nos has vuelto depredadores, un caos que se ordena allí donde vas a nacer, siempre de forma diferente pero con un mismo objetivo.
Idioma, lenguaje, deja que saquemos la cabeza de dentro de tu universo. Permítenos ver el mundo sin tus ojos de antigua victoria. Que comience ahora la proclamación del mutismo, sumiéndonos todos en un profundo silencio que se prolongue tanto como nosotros decidamos y nos haga ver la equivocación más enorme y fieramente proclamada; que no nos haces falta.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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2 respuestas a Tardes de primavera en el piso de B.

  1. Sin palabras dijo:

    Usted, señora o señorita, ha expresado todo ese amor y odio con palabras magistralmente usadas y seleccionadas. Como es habitual en todo este blog. Bravo. Me encanta.
    ¡No hagas voto de silencio nunca!
    Amor y luz.

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