El diario de Una-

Una-mujer-inventada-por-mi-cerebrito,
aunque no descarto la posibilidad de su existencia.
Básicamente porque podría haberla conocido.
pd. esta canción (click aquí) pega bastante con la entrada.

A las diez de la mañana me ha sonado el móvil. Me suelo despertar asustada, tengo de tono el Who can say de los Horrors y parece que no me acostumbro a la intro. Anoche al acostarme dejé a Ruli en mitad de una conversación por whatsapp. Pensé que hoy al levantarme tendría cinco o seis mensajes suyos, pero sólo ha puesto “jajaja”.

He ido a prepararme un té después de bendecir mil veces mi batita de seda. Creo que me la trajo mamá de la India, pero no lo recuerdo. Mamá nunca estuvo demasiado en casa, por eso decidí irme de casa a los dieciocho, y encima a Londres, vaya follón. Me lo pasé genial al llegar y todavía hoy quiero volver. Nada que ver lo de allí con Madrid. Esta ciudad es una especie de jaula, sobre todo si te lo montas mal. Y parece que yo me lo he montado fatal. Aunque Mamá sigue pasándome dos mil pavos todos los meses.

Vivo en Malasaña. El piso apenas tiene cuarenta metros cuadrados y una de las habitaciones la utilizo como armario. Huele siempre como a… humedad… o algo así. Echo colonia para ver si mejora, pero los olores se mezclan. Es una pena porque cuando traen las cajas de ropa a casa (suelo comprar por internet, Madrid también es una mierda para comprar ropa. Por ejemplo, no encuentro pantalones de tiro alto en ninguna parte. Y si los veo son de segunda mano y yo esas cosas las dejo para otras…) y llaman al timbre casi puedo notar el tacto de la tela nueva y ese olor a viaje que trae. Es casi como volver a Sherry’s.

Mis dos gatos se han subido a la encimera cuando ponía a hervir el agua. Uno de llama Jarvis, el otro John. Se llevan bien entre ellos y me hacen mucha compañía, aunque lo llenan todo de pelo. No me importa que me dejen la ropa perdida porque un jersey negro lleno de pelos de gato siempre da un look mucho más humilde, como más homeless. Pero no soporto que se suban al sofá. A veces se lo perdono, pero sólo cuando estoy triste y lloro viendo El acorazado Potemkin.

He leído un rato mientras me tomaba el té. Hace poco estuve en casa de Lali y me prestó un libro de un tal Kundera, se llama La insoportable levedad del ser. A Ruli le gusta, dice que es cojonudamente sublime, pero yo no termino de entenderlo. O sea, el chico este pues quiere a la chica esa, ¿no? No sé. Pero luego parece como que no la quiere. Y es así todo el rato. En cualquier caso cuando lo termine se lo diré a Ruli. Le diré que a mí también me ha gustado, aunque le pondré pegas a alguna tontería. Así ve que me meto en el libro, que no leo sólo en plan superficial. Dice que no le gusta eso, que se llama “lector-hembra” o algo por el estilo. A lo mejor le llamo para tomar algo, aunque la última vez llevaba una camisa horrible, de verdad, muy fea. Yo siempre me arreglo para quedar con él. En realidad me arreglo siempre para salir de casa, en Malasaña se habla mucho. El otro día me enteré de que Antonio, el que en twitter se llama secretosdelochotumbado (es que no le conozco en persona) se ha liado con Meriyún. A ella la he visto dos veces en el Ocho. No me pegan nada, pero nada de nada. Luego se lo diré a Ruli a ver qué le parece, pero lo cierto es que al Ruli esas cosas se la suelen sudar.

Me he ido a vestir y no he sabido qué ponerme. He estado como media hora eligiendo ropa, pero parece que no tengo la necesaria para esta temporada. Además se me han agotado las ideas. Estoy super fatal en lo que se llama imaginación. He llamado a Lali para preguntarle qué me ponía, pero no me lo ha cogido, así que he estado pensando un rato más y me he bajado a su tienda. Lali trabaja cerca de casa, en la calle Espíritu Santo. Es una mierda de tienda y yo siempre se lo digo, pero a ella no le envían dinero sus padres (creo que no tiene o algo así) y tiene que ganarse el pan. “Ganarse el pan” es una expresión suya, no mía. A mí me suena demasiado española, como de época de Franco.

Lali se ha alegrado de verme y le he dicho que la invitaba a un café en su descanso. Me ha pedido que la ayudase con unas cajas y he cogido un par para no hacer el feo. Es agotador lo de llevar cajas, menos mal que yo trabajo de freelance para algunas empresas como fotógrafa y no me hace falta llevar peso. Sirvió para algo aquel curso de fotografía, la verdad. Que no se me olvide decirle esto a mamá, que le hará ilusión.

Nos hemos ido a tomar un café (aunque yo me he tomado otro té, el café dejó de gustarme) y mientras Lali me contaba no sé qué he estado hablando con Marce por whatsapp. Estaba en Jamaica pero vuelve a España la semana que viene. “¡Genial!” le he dicho “así podemos ponernos al día”. He actualizado twitter también. Le he hecho una foto a mi té junto al libro del tal Murakami (lo llevaba en el bolso) y la he subido. Los filtros de Instagram están bien. Y he mencionado a Lali, para que no se mosqueara. Después se ha ido porque tenía que ganarse el pan y me he ido a dar una vuelta por el centro. He dejado que pagara ella. He creído que así se sentiría mejor.

La Gran Vía cada día está más sucia, repito lo de que Madrid no tiene nada que ver con Londres, y no me cansaré de decirlo. Me ha entrado hambre y he llamado a Ruli por si quería comer conmigo, pero estaba estudiando. Ha dicho que a lo mejor más tarde nos veíamos, así que he corrido hacia casa para comer, ducharme y elegir otra ropa. En realidad no habíamos quedado, pero yo por si acaso he hecho todo eso. Y casi me termino a Murakami, pero me he quedado dormida un par de veces mientras le leía. Qué sopor de chaval.

Me ha llamado Ruli a eso de las ocho. Ha venido a casa a las nueve y pico (yo ya estaba arreglada y menos mal) y con él ha traído sushi. También ha venido su novia, va con ella a casi todas partes. La chica no es demasiado guapa, pero sí parece inteligente. La verdad es que me da igual porque yo estoy predestinada con Ruli, aunque lleve cinco años con esa chica. Me gusta mucho Ruli, la verdad. Yo creo que a él también, aunque Lali dice que no sea boba y no busque sólo a los chicos que tienen novia.

Mientras cenábamos se me ha caído un vaso y ha dado de lleno en el pantalón de la chica de Ruli. No lo he hecho queriendo, pero podría haber sido así.

A las once y media se han ido. Me he despedido de ellos desde la ventana, después les he visto besarse. Me he sentido muy rara y me he puesto a escribir esto. Jarvis se ha sentado sobre uno de los folios. Me he encendido un cigarro, aunque en realidad no fumo, y me he hecho una foto. La he subido a facebook con el título de “genial la cena con Ruli y su noviaaa” y les he etiquetado.

Acerca de Alía Mateu

I'm the stranger.
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2 respuestas a El diario de Una-

  1. Mar Ácido dijo:

    Así todo muy moderno, como de época Rajoy (?)
    Por lo demás, no tengo champagne a mano, pero pero vamos aquí brindo a tu salud con el aire.

  2. B. dijo:

    Me caso con tus putas etiquetas.

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